Quiénes son los depredadores sexuales y por qué es tan difícil encontrar un lugar donde puedan vivir

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Bajo la ley estatal de Florida, estas personas no pueden vivir a menos de una milla de escuelas o centros infantiles. El condado de Miami-Dade es mucho más estricto, ya que les prohíbe pernoctar a menos de 2,500 pies de un centro de reunión de niños, lo que deja casi sin opciones a esta población que hoy está en un limbo.

La situación se complica para un grupo de más de 250 depredadores sexuales que viven en un campamento al noroeste de Miami-Dade, cerca de Hialeah. Hace 45 días el condado ordenó el desalojo del sitio donde llevan viviendo más de cinco años, pero lo cierto es que nadie los quiere en su barrio y no es fácil encontrar un lugar dónde ubicarlos.
 
El lunes todo estaba listo para que dejaran su domicilio, pero una demanda de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) contra el condado y a favor de los depredadores, retrasó el ultimátum cuatro días. La esperanza duró poco, el jueves, el juez Pedro Echarte negó la moción de la demanda interpuesta por la ONG y dejó a esta población en un limbo.

“Tenemos que irnos, hay que buscar un lugar dónde meternos”, declaró Cristóbal Vía, uno de los ofensores.

Se les llama depredadores sexuales a las personas convictas de crímenes sexuales que ya han cumplido sus sentencias y que bajo la ley de Florida, tienen que inscribirse en el departamento de policía del condado en el que residen. En Miami-Dade hay más de 1,800 registrados.

Bajo la ley estatal, estas personas no pueden vivir a menos de 1,000 pies de escuelas o centros infantiles. En 2005 el condado de Miami-Dade aprobó una ordenanza mucho más estricta: la Ordenanza de Seguridad Lauren Book les prohíbe pernoctar a menos de 2,500 pies de un centro de reunión de niños. Eso ha provocado que las autoridades locales se arrojen unos a otros el problema por la dificultad para encontrar un lugar que cumpla con ese requerimiento.
 
Ante la situación, estos hombres crean sus propias vecindades de desamparados donde han instalado sus domicilios improvisados en terrenos donde la policía no los arreste.

En 2006 crearon la primera colonia bajo el puente Julia Tuttle Causeway, de donde fueron removidos en 2010. En ese entonces un grupo numeroso decidió mudarse a una zona industrial en el norte de Hialeah, de donde ahora los están expulsando.

Luis Concepción lleva tres años viviendo allí y parece resignado. “Yo me voy, si hay que volver a dormir en la calle, habrá que dormir en la calle. En definitiva esa casa no tenía nada, ahora vamos a tener que volver a dormir en el suelo”, dijo refiriéndose a su carpa de lona.

Mónica Vigues Pitán, directora de Servicios Legales de Miami, indicó que la decisión del desalojo ha dejado sin opciones a estas personas. “Por las dificultades de encontrar un lugar dónde vivir, por las restricciones que tienen, es posible que vayan a otra esquina y el problema se repetirá”, indicó.

Cristóbal Vía, uno de los habitantes de esta colonia, dijo que Miami-Dade podría hacer más esfuerzos para ayudar a solucionar el problema. “Ahora no vamos a estar todos en un solo lugar, ¿qué le costaba al condado facilitar una propiedad o edificio de los viejos que tienen para que estuviéramos ahí todos?”, se preguntó.

Ya muchos han comenzado a recoger sus carpas y esparcirse por el condado tratando de cumplir la regulación de vivir a más de 2,500 pies de distancia de una escuela, parque o centro infantil.

No son ‘homeless’

A pesar de que estas personas viven prácticamente en situación de calle, lo paradójico es que muchos de ellos tienen viviendas propias o alquiladas, donde residen sus familiares. Pero la ley les prohíbe establecer residencia allí por la cercanía con un centro escolar o de reunión de niños. Sin embargo, ese mandato sólo aplica entre 7:00 pm y 7:00 am, además les prohíbe registrar esa vivienda como su domicilio.
 
“Te dicen que no puedes estar cerca de escuelas, ni de parques, pero eso es por la noche, por el día yo paseo por todos esos lugares sin problema”, confiesa Luis Concepción, que ha sido condenado por tres crímenes sexuales.

Ginny Williams, vecina de Kendall, asegura que durante el día están por todas partes. “Los hemos visto en Dollar Tree, en Target, en Publix, se paran cerca del CVS, fácilmente puedes ver tres y cuatro al día”, dijo consternada.

Concepción tenía su carpa armada y había ido reuniendo objetos en lo que ha sido su vivienda desde hace tres años, pero explica que no ha sido fácil vivir allí. “No hay condiciones de vida. Apenas hace como un mes trajeron servicios sanitarios y contenedores para la basura. La vida aquí es en la calle”, explicó.

Otro problema es que estas personas no son aceptadas en albergues para desamparados del condado.

Nadie los quiere cerca
 
Hace un año, una docena se ubicó en un terreno más hacia el sur, en Krome y la calle 88 del SW. Ante la orden de salir de Hialeah, se corrió la voz de que ahora podrían ser trasladados a ese nuevo terreno en Kendall, pero la respuesta de la comunidad fue implacable. Los vecinos realizaron protestas y recogieron firmas para evitar que los ofensores sexuales fueran a vivir allí.

“Ya tenemos 15 o 20 depredadores registrados viviendo en la esquina de Kendall Drive y Krome Avenue, no vamos a permitir que vengan aquí”, declaró Juanchy Mejías.

Mejías redactó una petición dirigida al comisionado del distrito 11 Joe Martínez, para que sacaran a los ofensores que están en Krome, así como para evitar que mudaran a los de Hialeah a este terreno. La carta fue firmada por otros 3,041 vecinos.

Ginny Williams, madre de la zona, fue una de las que firmó la petición. “Viven muy cerca de la escuela de mis hijas, de las paradas de autobuses de la escuela, no de autobuses privados. Además por esa zona hay cinco colegios”, reclamó.

Para Vicky Gómez, vecina del área, la ley no es suficiente cuando se trata de personas que han cometido estos delitos. “Hay niños que salen a coger los buses demasiado temprano, todavía está oscuro. Dicen que no pueden estar a 2,5 millas pero cuando alguien quiere cometer un crimen, eso no importa”, declaró.

El comisionado Martínez tranquilizó a los vecinos y aseguró que no había una decisión de mover a los depredadores de Hialeah a Kendall. Para los ofensores, la incertidumbre continúa.

El condado ha facilitado la manera de identificar a los depredadores sexuales a través de una página web. En este portal las personas pueden averiguar la ubicación de estos ofensores, así como determinar si alguien que quiere alquilar o comprar una vivienda está en esa lista.

Una marca de por vida

De acuerdo con la Ordenanza de Seguridad Infantil Lauren Book de Miami-Dade los crímenes que calificarían a un ofensor sexual incluyen: agresión sexual, actos lascivos y lujuriosos en presencia de personas menores de 16 años, desempeño sexual de un niño, actos sexuales transmitidos por computadora, o venta o compra de menores de 16 años para representar una conducta sexual.

Es decir, en ese grupo entran desde violadores de niños hasta personas que se involucraron en una relación sexual con una pareja menor de 16 años y se demostró algún delito, o quienes hicieron actos lascivos frente a menores de edad. Si bien es cierto que todos han sido hallados culpables y condenados, para algunos, el rango es muy amplio y la condena no se acaba cuando salen de prisión.

Una de estas personas que prefirió no decir su nombre, confesó sentirse desesperado por no encontrar dónde vivir. “No sé qué decir ahora, ya son 15 años que me quitaron de mi vida, y ¿después qué? Es como estar preso, ya perdí el trabajo. Mi caso es de cuando yo tenía 18 años, ahora tengo 34”, declaró entre lágrimas.

Luis Concepción no sabe a dónde podrá ir a vivir ahora, pero asegura que está arrepentido de sus actos y le gustaría poder dejar su pasado atrás. “Nuestra vida es un limbo. Estoy arrepentido de mi pasado, decididamente”, confesó.

Fuente

www.labocaroja.com

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